6/23/2006

La perfecta ama de casa


Leyendo un blog de un gringo escéptico, caí en un post que relataba una noticia impactante. Resulta que un leñador croata se tuvo que hacer un transplante renal. El tema es que ahora está presentando una demanda, porque recibió un riñón de mujer. ¿Y qué tiene? pensarán ustedes. Pues bien, el tipo alega que desde que le pusieron el riñón femenino que ya no disfruta saliendo con sus amigotes a emborracharse, sino que ahora ha "desarrollado una extraña pasión por labores femeninas tales como planchar, coser, lavar platos, ordenar la ropa en los guardarropas e incluso tejer"(traducido, pero sic). Que antes esperaba que su esposa hiciera esas cosas, pero que ahora lo encontraba relajante, y se sentía realizado. ¿Qué tal? Extraña pasión... Hasta lo que yo sé, ninguna mujer se apasiona por el planchado y por la limpeza de WC. Ni se siente realizada por separar la ropa de invierno de la de verano. Pero existe el mito de que no sólo estamos genéticamente diseñadas para este tipo de labores, sino que además nos fascinan. Ustedes dirán que este comentario es antediluviano, pero no se crean. Hace un par de años fui a un asado de reencuentro de generación del colegio, y algo que me llamó fuertemente la atención fue que mientras los hombres corrían detrás de una pelota (porque ahí si que están genéticamente diseñados...) el 95% de las mujeres estaban en la cocina, haciendo ensaladas. Pasé por la cocina, y todas estaban con cara de lata. Me miraron con bastante odio cuando me corrí olímpicamente de la pelada de papas. Y varios de los Ronaldinhos frustrados miraron como insinuando que era una floja por no picar cebolla. No digo que todos, pero sí algunos. Les aseguro que se habrían sorprendido si alguna mujer se quejara de haber estado encerrada desvenando apio. Para ellos, el equivalente de la pichanga masculina es encerrarse en una cocina oscura a hacer comida. Y también, ¿cuál es el afán de amargarse la vida las minas? Nadie les dice directamente que hagan esas cosas. Solitas se meten en lo que incluso ellas consideran "su lugar". Y después se quejan. Porque si no lo hacen ellas, ¿entonces quién? Ni se les ocurre que quizás nadie debería hacerlo, o el que quiera comer ensalada que se haga una. Pero no es así la cosa. Claro, si alguien quiere tomate, que lo pele una mujer. Los hombres dirán que no saben pelar tomates. Ni tomar guaguas. Ni mudar guaguas. Ni nada que sea medianamente tedioso/asqueroso/rutinario. Obviamente hay hombres que son la honrosa excepción a la regla (por suerte mi novio es uno de ellos). Y también hay mujeres que detestan cualquier labor doméstica, o que simplemente son pésimas haciéndolas. Yo no sé coser. Igual lo hago, por necesidad, pero no me queda bonito. Apenas funcional. Odio lavar cualquier cosa: platos, baños, ropa. Detesto pasar la aspiradora, jamás he planchado, mi closet es caótico, lo único que me gusta es cocinar, y eso a veces. Ergo, la cuestioncita no es genética. Por otro lado, ¿por qué un riñón de mujer le va a quitar las ganas de salir a emborracharse con los amigos? Aaaahhh, se me olvidaba: las mujeres somos caseras "por naturaleza", abstemias "por genética", quitaditas de bulla. O al menos deberíamos aspirar a serlo. ¿Machismos anacrónicos de un croata ignorante? No se crean. El hermano menor de una amiga se casó, y una de sus primeras peleas fue cuando su mujer, que trabajaba y criaba a su hija, le sirvió la comida, él le espetó que no se había casado para comer tallarines. Cáchense el perlita. Y la cosa es mediáticamente común. ¿Cuántos comerciales de detergente o lavalozas se dirige exclusivamente a un público masculino? Cosa de ver el de Suavitel. Papá y niñito se van juntos a pescar. Mamá abre la botella de suavizante Suavitel y se acuerda de su hijo. Hablan por celular. El hijo huele su chaleco, con olor al producto, y se acuerda de su mamá. O sea, todo el mundo emocional de la pobre mina pasa por el suavizante de ropa. Y se puede inferir que su olor corporal ya es el mismo que el de Suavitel, y por eso el niño la recuerda. Puaj. Y lo peor de ese estereotipo es que muchas veces somos nosotras las que lo perpetuamos, las que nos encerramos en una cocina en vez de pedir colaboración masculina. Si a veces nos pasamos de tontas.

Para el que quiera revisar el post original: http://skeptico.blogs.com/skeptico/2006/01/hes_a_lumberjac.html

6/17/2006

Quien te quiere te aporrea


Acabo de enterarme de que una prima mía se separa. Eso no debería asombrar a nadie, nunca me gustó su marido. El tema es el motivo de la separación. Resulta que esta especie de kuchen desabrido le pegaba con bastante frecuencia. Un ojo morado fue la gota que rebalsó el vaso. La hermana menor de esta mujer ya estaba separada por el mismo motivo. Ambas mujeres son de buena familia, con plata, profesionales ejerciendo su profesión (odontóloga e ingeniera comercial). Pero igual aguantaron un tiempo siendo golpeadas. Y eso ya se escapa absolutamente de mi comprensión. Porque es bien distinto decir "me pegó" a "me pegaba". Puedo entender el "me pegó". Yo no podría asegurar que nunca nadie me va a pegar. Quizás alguna pareja, en alguna circunstancia, me pegue. Pero eso sería. Una sola vez, debut y despedida. La prolongación del sufrimiento es algo que de verdad no entiendo. Pero habría que estar en ese moreteado pellejo para saber qué es lo que impulsa a las mujeres abusadas a seguir al lado de los abusadores. Supongo que hay costubre, vergüenza, miedo, y algo parecido a un retorcido síndrome de Estocolmo. Ejemplo de esto es esa mujer a la que su pareja le quemó los genitales con un alicate al rojo, todo para que ella saliera hablando en su defensa y lo fuera a ver a la cárcel los escasos días que pasó detenido. Al final a ese tipo le dieron pena remitida... Por suerte hubo escándalo y se falló de nuevo, para que pase algún tiempo en cana. Hubo lesiones graves de por medio, fue un acto premeditado y alevoso (ella estaba durmiendo cuando él la atacó), pero la pena es de un par de añitos no más. Sale más barato pegarle a la propia mujer que a un desconocido en la calle. En vez de sanciones se aplican medidas de restricción que nadie fiscaliza. Así es como la mayor parte de los femicidios son a manos de la pareja, y en gran parte de ellos ya mediaba una orden de restricción. Es indignante cómo las mujeres estamos desprotegidas, y eso que somos una minoría del 50%. Violadas, golpeadas, abusadas, maltratadas. Y lo más perverso es que muchas veces nosotras mismas somos las que validamos este tipo de conducta ya sea con un asentimiento explícito o con nuestro silencio. Es siniestro: estamos a merced de cualquiera que tenga mayor fuerza física. La ley no nos apoya. Los que nos deberían proteger no nos creen. Y la sociedad completa no acusa recibo. En la radio cantan "y si ella no se porta bien, dale con el látigo", "hey mami si te portas mal con el palo te voy a castigar". Y pasa piola. Si en vez de mujeres dijeran negros, o judíos, ardería Troya, por discriminación e incitación a la violencia. Pero todos se ríen y encuentran que una es una feminista amargada si se ofende por un chiste machista. Díganme ustedes: ¿cuántas veces han dicho un chiste de negros delante de un negro? ¿O de gallegos delante de un español? ¿O de judíos delante de un judío? Y ahora piensen, cuántas veces han dicho algún chiste machista delante de una mujer. Piensen, cuántos consideran abuso las ofensas verbales en la calle, gratuitas, de alto contenido sexual que cualquier desconocido se siente en el derecho de proferir. A mí me han seguido varias cuadras diciéndome obscenidades. Pero eso queda impune. El agarrón, el manoseo. Todo eso es una forma de abuso. Se parte por lo más pequeño: darse cuenta de que no por ser mujer se está en una categoría inferior. Y nosotras, las mujeres tenemos que dejar de comportarnos como minoría oprimida, dejar de avalar o justificar el maltrato en cualquier forma. De ahí para adelante queda un camino largo, como sociedad. Ojalá logremos recorrerlo.

6/02/2006

El salto del lemming*


* Pequeño roedor del Artico, que según cuenta la leyenda se suicida tirándose de un precipicio si su población crece demasiado.

Hoy ando más dulce que de costumbre. Debe ser que vengo saliendo de un resfrío, y todavía ando hipersensible. Melancólica. Y me dieron ganas de hablar de lo bueno, de lo que hace que hombres y mujeres aguantemos neuras varias, disgustos, enojos y enfurruñamientos. Todo lo malo de la relación hombre-mujer da lo mismo comparado a la sensación de enamoramiento, el minuto exacto en el que caemos redonditas. No sé cómo será esto para los hombres. Y tampoco sé tanto cómo es para las mujeres. De ese momento no se habla muy claramente, no sé si porque es algo muy privado o porque el terror a la siutiquería nos lo impide. Tal como dice un amigo, las palabras relacionadas al amor suelen ser feas. Por eso, cualquier siutiquería o cuafería, les ruego perdonarla. Pero quiero hablar de ese momento en el que todavía no ha pasado nada, pero se huele en el aire que se viene algo importante. Esa espera tensa, en la que la piel llega a doler un poco, como queriéndose escapar para ir a encontrarse con la piel del otro. En ese instante uno toma consciencia de cada milímetro cuadrado de piel expectante, siente el calor del otro aún cuando esté a medio metro de distancia, ensancha la nariz para capturar hasta la última molécula de olor del cuerpo deseado. Los músculos se tensan, sin decidirse entre dejarse ir y simplemente hacer la primera movida o contener todo movimiento, negando toda cercanía, esperando. Y entonces empieza una serie de acercamientos imperceptibles, milimétricos, calculadísimos, camuflados habitualmente por una conversación cada vez más trabajosa. Hasta lograrlo: el roce inicial, que en cualquier otra circunstancia habría pasado desapercibido, pero que en este estado de hipersensibilidad se siente como un relámpago en los nervios. Todo luego es irreversible, y apenas los labios se rozan, viene esa sensación tan inmensa, que muchos han descrito como mariposas en el estómago, pero que tiene mucho de nudo, de vacío, de canasto de anguilas vivas. ¿Cómo no va a valer la pena? Por eso la Naturaleza es sabia, y nos permite olvidar un poco ese minuto, para no transformarnos en infieles compulsivos. Esa sensación enorme se reemplaza después con algo dulce y tierno, la tibia comodidad de la costumbre, tan mirada a huevo. Yo encuentro impagable buscar con mi pie en la cama sabiendo que voy a encontrar el pie de mi novio para trenzarme con él. Pero quizás esto se termine de la manera más dolorosa posible, una nunca sabe. Y es ahí donde el recuerdo de los primeros momentos surge con toda su fuerza, y hace que una se rearme y siga buscando. Sin la memoria de esos minutos adrenalínicos del inicio, quizás una tiraría la toalla con más facilidad y dejaría de buscar para evitar sufrir de nuevo. Pero seguimos, como el conejito Duracell, transformados en lemmings que saltan alegres al abismo.

5/23/2006

Brujas


Ya estoy cansada de que me digan que soy bruja. Es el insulto de moda, yo creo que a todas se lo han dicho. Y si no se lo han dicho, algo debe andar mal. Mucha bromita al respecto, si una mujer se monta en el macho porque el novio de marras se pastelea, no hay tu tía: bruja. "No me brujees, quiero ser libre" es el mantra masculino. Y claro, sólo una desubicada con problemas de autoestima puede cometer el despropósito de preguntar "dónde estabas" al perlita que viene llegando a las 6 am. Aquí, para los que me conocen, se va a hacer evidente que hablo por la herida. Pero no se crean, el problema es bastante común. Las que no son brujas según parámetros masculinos se pasan mordiendo la lengua para no mostrar la hilacha, una vida completa pisando huevos, no vaya a ser que los indefensos y bienintencionados pasteles las encuentren brujas. Antes las mujeres no tenían ni el más mínimo escrúpulo en brujear. Pero ahora, díganme chicas, ¿cuándo fue la última vez que las pasaron a buscar para salir, tocaron el timbre de sus casas y saludaron a sus familias? Ahora o es una la que pasa a buscar, o te llaman desde la calle por celular para que salgas rapidito. Eso no pasaba antes... Cuando las mujeres no temían exigir un par de cositas. Pero ahora... Llegadas tarde, plantones, desapariciones misteriosas y salidas con otras mujeres entran en la categoría de "tema intratable", porque apenas una insinúa alguna objeción, zás, bruja. El tema al revés, obviamente, no es igual. Si es una la desaparecida, el tipo en cuestión se siente con total libertad de rastrearte compulsivamente por celular (he visto casos alarmantes de 43 llamadas perdidas en una noche), llamar a tus amigas y familiares para saber dónde andas, repasar minuto a minuto tu itinerario para averiguar por qué te atrasaste 20 minutos en pasarlo a buscar. Si no les gusta que fumes o que tomes o que comas o que digas garabatos te sermonean a vista y paciencia de cualquiera. Y pobre de tí si sales con algún amigo, y además llegas tarde en la noche. Infierno asegurado. Pero claro, diles que son brujos, y se ríen en tu cara. "Bruja serás tú", te dicen mientras revisan tu diario de vida buscando pruebas incriminatorias.

3/25/2006

El despecho


¿Quién no lo ha sentido? Yo creo que todos hemos pasado por ese exquisito sentimiento vengativo alguna vez. Llega un momento en que tus ojos se abren, y ese ser humano perfecto que te traía de cabeza aparece lleno de pústulas fétidas delante tuyo. Logras darte cuenta de que simplemente no te pescaron, de que no es que no te llame porque te quiere tanto que está asustado, sino que no se acuerda de tí en semanas. Al principio algo te hueles, pero justificas sus acciones: tiene mucho trabajo, está deprimido, está siempre pendiente de esa amiga que lo llama tanto pero es de puro buena gente, porque sólo tú le gustas. Tus amigas te lo advierten, hasta tu mamá mete cuchara. Pero tú sigues pensando que él es perfecto pero "un poco olvidadizo". Hasta que algo hace click. O él te lo dice de frente, o te lo manda a decir con un amigo o lo pillas con otra... Y ahí, llanto y desesperación. El mundo se derrumba, sientes que sólo él en todo el mundo era tu pareja perfecta, y empiezas a buscar conventos en las páginas amarillas, total tu vida ya está acabada. Pero la vida sigue, y viene la etapa del olvido voluntario. Empiezas a borrar todo lo que te pueda hacer recordarlo. Sacas su número del celular, borras su mail de tu libreta de contactos, quemas sus fotos, lo sacas para siempre de tus amiguitos de messenger. Sólo entonces se hace evidente tu patetismo: su apellido era tu password en todas las cuentas de mail, tenías guardado un mensaje de texto de hace diez meses atrás, le tenías una carpeta especial a sus mails... Y de la pura vergüenza pasas al odio irracional. Y llegamos al despecho.Lo odias, lo encuentras miserable, le clavas alfileres a su muñequito de vudú, le mandas un paquete con caca por correo, le dices a todos que era impotente y precoz, le mandas recados por la radio, imaginas una y mil veces la manera de vengarte. Probablemente te pongas harto más promiscua por esas fechas, para demostrarle que es uno entre mil y que tú sigues siendo tan rica que todos quieren contigo. Después de encontrarlo perfecto, todo lo de él te molesta. Como esa vez que comió papas fritas y no te ofreció, o la vez que combinó mal sus calcetines y su cinturón. Y lo odias, ¡¡LO ODIAS!! ¿Cómo no va a ser delicioso? Dejas de ser una pobre babosa enamorada para transformarte en una fiera ávida de sangre y cortadora de testículos. Después se pasa y vuelves a una tibia indiferencia, pero el depecho ya logró su cometido: darte energías, entretenerte, hacerte olvidar, y cuando ya ha pasado un tiempo prudente, miras para atrás y dices: "¿Y por este imbécil armé todo ese escándalo?". Y bueno, para todas las despechadas, una cancioncita de lo más adecuada. Es de Paquita la del Barrio... Disfrútenla.


Powered by Castpost

3/24/2006

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...


Desde tiempos bíblicos somos las culpables de todo. Nos dejamos tentar con una manzanita, y peor aún, tentamos al debilucho de Adán. A nosotras nos engrupió el Señor de las Tinieblas en persona, Adán apenas se hizo de rogar, y somos nosotras las culpables. Arrastramos ese estigma por siglos: casi todo condoro histórico es y ha sido culpa de una mujer. La guerra de Troya fue por culpa de la casquivana Helena, y no por un arranque posesivo y estúpido de Menelao. Y así sigue. Chile envejece, porque las mujeres somos tan egoístas que ya no queremos dedicarnos a parir con dolor un promedio de cinco cabros chicos, y no porque el sistema impuesto por los hombres desaliente el compatibilizar la maternidad y el trabajo, o porque sea más barato un plan sin útero en la isapre. Y claro, de tanto que nos machacan desde la peste negra hasta el alza de impuestos, nos hemos transformado en una máquina de culpabilidad. Nos sentimos culpables por acción y omisión, si un niño sale algo disfuncional la madre se pasa horas comiéndose las uñas hasta el codo culpándose por no haber estado ahí cuando al retoño se le cayó su diente de leche número 22. Seguro que fue eso lo que le malogró la siquis. Por siglos y siglos, la gran culpa femenina fue el sexo. Si cometía la indiscreción de arrancarse con los tarros, ahí venía un arrepentimiento feroz. Si lo pasaba demasiado bien, lo expiaba con caridades varias. Si no le "cumplía" al marido, aceptaba casi con gratitud que él se acostara con otras, así se sentía menos culpable. Pero los tiempos han cambiado. La verdad, a no ser en casos de infidelidad con escándalo o de pornografía en estado etílico, poquísimas se arrepienten de lo tirado y lo bailado. Aunque nada es tan fácil. Con una cosa menos por qué autoflagelarse, nos sentimos vacías. Esto de la falta de culpa nos dejaba sin identidad. Y ahí vino la brillante idea: si no nos remuerde lo bailado, que nos remuerda lo comido. La comida reemplazó al sexo. ¿Qué mujer no se ha sentido un cerdo descontrolado por comerse un chocolate? ¿Qué hombre se siente una mala persona cuando se despacha una parrillada? Tomar café con azúcar en vez de Nutrasweet, comer bistec a lo pobre en vez de lechuga y tomar Coca-Cola normal en vez de light se ha transformado en nuestros nuevos pecados capitales. La expresión más brutal de la culpa es la bulimia: algo así como un exorcismo en clave regurgitada. Cuando las mujeres se culpaban por echarle el ojo al mozo de los caballos, ni se les pasaba por la mente vomitar la comida. Comer ahora es sucio, algo para hacer en privado. Un amigo una vez me preguntó si las mujeres comían completos, porque él nunca había visto a alguna fémina zamparse un hotdog. Es más lícito que te corran mano en público a que te vean en la Fuente Alemana. La serpiente anda por ahí, y ya no ofrece manzanas: ofrece un tarro de Nutella y una bolsa de papas fritas.

12/27/2005

Post invitado nº3


¡Qué floja estoy! Por lo menos tengo amigos que graciosamente ceden sus neuronas y experiencias en beneficio de este blog. Por primera vez tenemos un post infiltrado, escrito por un miembro del supuesto sexo fuerte, mi gran amigo. Y seguramente vendrán más, no es que me las dé de pluralista (jamás lo he sido) pero es entretenido conocer más caras de la moneda, sin detenerse en dos. Y bueno, aqui está el texto:

Desde hace un tiempo que noto que todos mis amigos y amigas se están casando o siguen comprometidos en largos pololeos. Los largos pololeos han estado siempre, y los matrimonios caen por su propio peso, la edad. Pero curiosamente -siendo que mi frecuencia carretera es la misma y mi aspecto igual o peor- me están presentando muchas más mujeres que antes.
Siempre hubo celestinas, pero de pronto la escena se vuelve desesperada. En efecto, las solteronas comienzan a temer volverse realmente solteronas, a vista de todas sus amigas que están felizmente colgadas al cuello de sus respectivas parejas. No me gusta generalizar o discriminar o tomar posiciones radicales frente a ciertos temas, porque después llegan los fundamentalistas o chicos cultos y te eliminan con razones de peso comprobadas científicamente y todo eso, pero en este caso, las mujeres sufren de este mal exponencialmente más que los hombres. En lo personal no comparto esa postura de volverse loco si se te "pasa el tren", pero tampoco tengo el rollo de ser madre, ni la presión social de la solterona ni nada de eso, así que mejor no digo más al respecto.

Lo que sí, puedo opinar respecto a "cómo presentar una amiga" para que la cacería no se transforme en persecución. Para lograr esto, lo único que no tienen que hacer (y casi siempre lo hacen) es hacer que el target huya (se arranque voluntaria y conscientemente).

1.- La mejor estrategia es que el objetivo no se entere de lo que se tramando con él, que casualmente (he aquí la verdadera maestría de los celestinos) se encuentren los 3 personajes: El solterón (a), el target, y el celestino(a). Si llegaron a esta instancia, el resto es pan comido (si funciona bien, bien, sino, filo, ya se conocen al menos). Suena muy fácil, pero la tentación de marketear al solteron(a) por lo general es más fuerte, así que hay que remitirse al ítem nº2.

2.- Cuál es el típico error (que todos conocen y cometen igual producto de la desesperación):
"Oye tengo una amiga que te va a encantar, es la mina mas simpática e inteligente del mundo, ideal para un tipo serio como tú" (o casi lo mismo).
Lo de simpática e inteligente parece talla… pero es real, sucede todo el rato... ¿y quién dijo que uno era serio? Y aunque uno lo fuera, el receptor interpreta lo siguiente. "me ofrecen, una mina fome y mala... ¡¡¡no gracias!!!(Un cacho)", en esto no hay caballeros ni villanos, el fuerte vive, el débil muere, y como viene la cosa, está claro que te están cagando. Muy distinto es cuando se ejecuta el punto 1, en el cual no hay derechos ni deberes, y te presentan "una amiga", listo.
La desesperación es mala consejera.

3.- El punto 3 es el más fácil de evitar, y prevenir también. Este consiste cuando un amigo ofrece presentarte una amiga, o amiga de una amiga, o amiga de su polola. Un amigo nunca te presentaría una amiga a menos que:

-Ya la haya probado (y desechado)

-Sea muy mala

-Esté presionado por terceros (polola, mejor amiga, etc)

-Te quiera cagar

Deben estar atentos en este tipo de situaciones para que no les pasen gato por liebre, pero eventualmente salta la liebre, así que tampoco dejen pasar la oportunidad si la mano viene buena.

¿Les suena esto?

"Oye viene al carrete una amiga de la Cata (o cualquier nombre de polola tipica) súper parecida a ti, ¡¡¡yo cacho que se llevarían la zorra!!!"

-"¿Es rica?"

-"Es de tu onda jevi, y más inteligente que la chucha..."

-"¿Es rica?"

-"Le gusta el deporte, y lee N, además es cinéfila.."

-"¿Es rica?"

-"¡¡¡¡¡¡¡Puta que erís superficial!!!!!!!"

En el mundo de la oferta y la demanda las lucas son las lucas, el resto no importa, ni la moral, ni la religión ni nada.
Si presentan las relaciones de pareja (o potenciales) de la misma forma, no reclamen si la amiga se enfrenta a una negativa prejuiciosa (o juiciosa) onda:"¡¡Puta la weona mala!!"

Gaal Dornick

12/19/2005

Post invitado nº2


Mi gran amiga Witch me está haciendo la pega... Un agrado. En todo caso, concuerdo plenamente con sus palabras. Disfrútenlo.

Después de los 25

Normalmente escuchamos teorías de sociólogos, sexólogos, opinólogos, psicólogos que determinan que los 30 años es una edad que establece un cisma. Por convención, la vida de una persona después de los 30 cruza algo así como una línea de fuego. Existe un antes y un después determinado por siempre por esas tres décadas de vida. La verdad es que aún no tengo 30, aunque me acerco peligrosamente a ellos. Sin embargo me atrevería a decir que esa tan famosa línea de fuego en las mujeres se presenta fuertemente a los 25 años, y con esto no quiero desmerecer los créditos que se le otorgan a los 30 porque sencillamente no los he cumplido y no discutiré que en pocos años más atraviese por un período de replanteamiento nuevamente.
Al cumplir 25 años, las mujeres (al menos las que pertenecemos a la generación nacida alrededor del 78) nos vamos de frente contra un millón de mitologías, auto creadas, heredadas de nuestras madres o familiares cercanos, profesores, hermanos mayores etc quienes nos han forjado desde la más tierna infancia la idea cabal de que estamos en edad suficiente de formar familias, casarnos, estabilizarnos profesional y económicamente (ya sea a partir de méritos propios o de los méritos de nuestras parejas) tener hijos, autos, anillos con brillantes, horarios de oficina… en fin y cuantas cosas más que se desprenden de esas mismas ideas. Lo que más me aterroriza de todo este tema, es que ya habiendo lidiado de sobra con los ideales sociales, habiéndolos discutido hasta el asco, destrozado ferozmente entre amigas y compañeras varias, logrado el consentimiento de la familia para seguir un camino “diferente” (al menos diametralmente opuesto al de mi madre y de mi hermana que a mi edad ya habían tenido 3 críos) me replanteo el modelo desechado y veo acongojada que a estas alturas es casi imposible acceder a él. Revisando mi alrededor, mirando la oferta de solteros disponibles, (descartando de plano a mis amigos y conocidos por diferentes razones) no puedo dejar de sentir que mi idea de la vida feliz se vino abajo al ver que me he emparejado con tipos fantásticos pero incapaces de reconocer el mérito de una compañera. En un período que según cálculos hechos a mis 15 años ya debiera tener todo esto resuelto me encuentro sola, aburrida, en medio de una nebulosa profesional y sin muchas expectativas respecto de un futuro muy distinto. Esto se debe esencialmente a que ingresamos a los 5 años de definiciones clave, al período de resoluciones determinantes en nuestras vidas y nos encontramos con un grupo de posibles parejas tan hostil que dan ganas de darse vuelta la chaqueta y jugar para el otro equipo. Los tipos socialmente adecuados, que tienen futuros prometedores, carreras prestigiosas y la estabilidad e independencia necesarias para emparejarse, son una tropa de amarretes, gorreros, materialistas que terminan casándose con moscas muertas. Los que no, son un tiro al aire, muchas veces con síndrome de Peter Pan que necesitan más una madre que una mujer, y los que quedan, si no tienen novia, se quejan amargamente de una vida no tan mala, difícil como la de todos y desprecian mujeres increíbles por no ser capaces de salirse de sí mismos medio minuto. Ante estas alternativas, nos demoraremos bastante más de 5 años en trazar líneas definitivas y volveremos a desilusionar a nuestra preciosa sociedad por no caber en ella.
¿Estará todo perdido?

12/16/2005

Es que anda con la regla...


¡¡Cuantas veces hemos escuchado ese maldito comentario!! Por el sólo hecho de tener un proceso fisiológico distinto al de los hombres, somos descalificadas a priori. Da lo mismo qué es lo que haya pasado, si el tipo se hizo un numerito impresionante como dejarte plantada, si una habla golpeado es que "andaba con la regla". Eso es falso: también podemos estar malgenio en otros momentos del mes. Y estar hechas una seda en el periodo premenstrual. Es una descalificación enorme el siquiera sugerir que el único motivo para estar enojadas sea sólo un exabrupto hormonal, como si nuestros cerebros sólo se inflamaran y desinflamaran a golpes de estrógeno. El machismo recalcitrante de todo esto es apabullante. A un taxista le oi decir que no podía haber una presidenta mujer porque el país no se podía paralizar durante "esos días". A nadie se le ocurriría sugerir que un hombre con muchas poluciones nocturnas estaría incapacitado para gobernar por falta de energía... Es divertido el pánico que les produce algo tan normal. Me acuerdo que con los profesores hombres decir que tenía dolor de ovarios era pase seguro para enfermería. Las mujeres, que sabían cómo funcionar durante esos trances, no me daban bola. Un tipo con el que me tocó compartir en terreno nos mandó a preguntar (porque él primero muerto antes de tocar el tema tabú con nosotras) si había alguien con la regla, porque a él no le gustaba trabajar con mujeres en ese estado porque "típico que andan debiluchas y se desmayan". Nunca me ha tocado desmayarme, ni ver a ninguna mujer desmayarse por esa causa. Lo que sí hay que reconocer es que a algunas mujeres las agarra fuerte. Pero suele pasarse junto con las turbulencias de la adolescencia. Y les aseguro a los hombres que si ellos fueran los que se sintieran hinchados como sapo con un dolor sordo de tripas y jaqueca, funcionarían bastante peor que nosotras (remitirse al síndrome Florence). Y por cierto habría un Ministerio de Asuntos Menstruales, licencia para el premenstrual, dispensadores de toallitas en todo lugar público, revistas especializadas en el tema y sesudos análisis de por qué el menstruar los hace superiores/más inteligentes/más fuertes que las mujeres.

12/12/2005

El síndrome Florence Nightingale


Por si alguien no sabe quién es Florence Nightingale, ella es la enfermera por excelencia. Y claro, todas las féminas llevamos a una Florence en nuestro tierno interior. Nada nos hiperventila más que un quejido de nuetros amorcitos. De inmediato viene la búsqueda de Tapsines, termómetros, agüitas de diversas hierbas y sopitas varias. Y si nuestro querubín se corta, viene la povidona o el alcohol (soplando suavecito arriba de la herida para que no le vaya a arder), el parchecurita o la gasa estéril. Y no sólo cuidamos en la enfermedad, somos las reinas de la profilaxis. Advertimos del frío y tapamos con la sábana o aconsejamos chalecos y cortavientos. Ofrecemos café y hasta masajes en el dolorido cuello del varón lesionado. Recordamos las horas de los remedios, y por si acaso los andamos trayendo en la cartera por si el enfermito las deja olvidadas en el cajón del velador. Escuchamos atentas cualquier síntoma que él nos quiera relatar, aunque ya al cuarto relato pensemos que ese tipo es un debilucho. Y los hombres dicen que no lo soportan. Que ellos quieren una pareja y no una madre. Se ponen rudos y ariscos, se sacan el chaleco y se destapan a propósito. Y se burlan. Rafael Gumucio alegaba contra estas mujeres-madre, o más bien Florences, y contaba un chiste en el cual se decían las frases típicas de mujeres la mañana después de acostarse con un desconocido. eran cosas del tipo la francesa pregunta el nombre, la gringa indaga sobre el número de la cuenta corriente, la mexicana reza a los pies de la cama, etc. Y la chilena dice: "Tápese mijito que se puede resfriar". Lo peor es que es cierto, preguntándole a algunas amigas y acordándome de experiencias pasadas todas hemos dicho algo así (sin el mijito, pero eso da lo mismo), o hemos tapado solícitamente al hombre dormido para que no se enfríe. Y claro, a ellos les encanta decir que no lo necesitan, que no toleran a estas mujeres-enfermeras. Pero es entonces cuando se enferman. Y vienen los quejidos, los ayes, los ojos en blanco porque tienen 37,1ºC. O los desmayos y vahídos cuando se cortan y ven sangre. O las paranoias del tipo "¿Tendré cáncer? Hice pipí con sangre" después de comer betarragas. Y ahí exigen a una mujer que los compadezca, que se horrorice con su meado carmesí, que corra a la farmacia buscando Tapsines. Si una los tilda de alharacos, se ofenden. Pero igual te piden un tecito y un poco de miel, porque les raspa taaanto la garganta. Y ahí nos enfrentamos a nuestros Tarzanes disminuidos y temblorosos porque les dio gripe, incapacitados hasta de cambiar la tele con el control remoto. Y soñando con que Florence los venga a auxiliar en el dolor insoportable de doblarse una uña. Por suerte no tienen ovarios, que si no se paralizaria el país con cada premenstrual.

12/02/2005

Con el corazón entre las piernas


Los hombres se quejan de que las mujeres no tomamos la iniciativa en el sexo. Es recurrente escuchar decir que las mujeres siempre inventan excusas, que hay que convencerlas para llegar a la cama, que deben estar profundamente enamoradas antes de conceder graciosamente sus dones, etc. Pero eso ya es parte del pasado. Cada vez más escucho la queja contraria: mujeres que buscan a sus hombres y se encuentran con que “ahora no que estoy cansado”, incluso supe de uno que usaba la tan femenina excusa del dolor de cabeza. Y claro, la mujer rechazada, en vez de aceptar la situación, se enfurece y todo acaba mal. Nada peor que una mujer frustrada. ¿Qué es lo que pasa entonces? ¿Los hombres súbitamente se enfriaron y las mujeres se volvieron ninfómanas de la noche a la mañana? No lo creo. Lo que sí pienso es que el sexo siempre ha sido parte de la lucha de poder en la pareja. Cuando la mujer era mantenida y ninguneada, su única moneda de cambio era el sexo. Y la hacía valer muy caro, aún a costa de sus propios deseos. Pero ahora, que las mujeres manejan tanto o más plata que el hombre, que salen al mundo sin mayores problemas, se encuentran con que les devuelven la mano, y ahora empiezan a ser los hombres los que dosifican el sexo, por ser su último bastión de presión. Por primera vez en la historia son las mujeres las que se enfrentan a esta situación de querer sexo y no ser tomadas en cuenta. Y eso es devastador. Los hombres, acostumbrados por centurias al rechazo casi ritual, no se apabullan ante un “no”. Insisten siempre, no se amilanan ante las negativas. En cambio para nosotras, el trauma es fuerte. Porque todavía, por muy emancipadas que creamos estar, nos pesa el temita de que una no puede ni debe ser más caliente que su pareja. Entonces una se arma de valor, junta fuerzas, se demora, se la piensa, muchas veces hasta prepara escenarios y se pone sus sostenes y calzones matadores y uno que otro portaligas, poniendo toda la mentalización que el caso requiere. Todo para que el afortunado llegue y te diga que no, que esta noche no. Y claro, ahí viene el fenómeno de derrumbe inmediato de autoestima. Porque hay que entender una cosa: por un esquema preconcebido, nosotras supuestamente siempre vamos a rechazar al galán de marras, un subproducto del clásico hacerse la difícil. Eso ya no es verdad, pero la idea sigue funcionando. Entonces el galancete no se siente personalmente rechazado, porque el rechazo es “cosa de minas”. Pero en el caso contrario, el prejuicio es exactamente lo opuesto. Los hombres supuestamente siempre quieren, son unas bestias lujuriosas, se tiran encima de todo lo que respire y tenga glándulas mamarias. Y si no te quieren tirar es porque eres MUY mala, fea, pésima y hedionda. Entonces una se acerca temerosa, con siglos y siglos de historia que dicen que lo que haces está mal, que eres una meretriz innombrable por estar caliente. Y te rechazan. Y la autoestima se destruye, y vienen los llantos y el crujir de dientes. La situación completa es muy injusta. Para la mujer, porque nada justifica ese bajón emocional. Y para el hombre, porque por el mito de que es un sex machine incansable se encuentra con una pareja dolida y furiosa sólo porque en realidad está cansado como perro y quiere ver tele. Quizás deban pasar muchos años para que esta situación cambie, para que el sexo no sea moneda de cambio sino una simple actividad compartida. A nadie le baja la autoestima si alguien rechaza su invitación a tomar helados. Ojalá lleguemos algún día a ese punto de indiferencia al rechazo.

Post invitado


Esta vez, me voy a tomar un descansito. Mi muy querida Witch escribió un post, así que aqui se los presento.


La vida es tan injusta…


Realmente horroroso, ¿cómo será posible? ¿Por qué nos enamoramos de las personas equivocadas? ¿Por qué nuestra pareja no nos complace en aspectos tan importantes como el SEXO?
Me ha tocado escuchar tanto eso de: “a mi mina no le gusta chuparlo, y bueno, como yo la amo a ella porque es la mujer de mi vida, filo, lo busco por otras partes o sino me aguanto…” Precioso, ¿no? O algo como “pucha, las minas debieran todas ser horny, yo necesito tirar más de 5 veces por semana y a ella, bueno, con una vez queda lista y no quiere más…” O aún más escabroso: “perdí mi virginidad hace más de 6 años, he tirado como coneja, probado varias posturas y nunca he tenido un orgasmo…sin embargo cuando me toco yo misma lo consigo ….” Mal.
Si a alguien le sirve de algo saberlo, yo pasé por una época en que con una vez cada dos semanas estaba lista, ¿para qué mas? En mi presente las cosas son diferentes… menos mal y orgullosa lo digo, mientras más mejor, pero del bueno. Previo a eso, me iba cortada tarde mal y nunca, prácticamente dependía de la posición de los astros….
Hay muchos temas en juego, cargas sociales varias, tatuadas a fuego en el inconsciente femenino (ver post de “Cállate la boca, niña), una plaga de chilenos machistas malos amantes y una cantidad de mitos porno dando vueltas que de verdad me preocupan y me asquean y supongo que muchas cosas más que se me escapan en este minuto…
Como servicio de utilidad pública y para mejorar las sesiones y frecuencia de cama de muchos amigos y lectores/as de este blog es que me explayo:

1 Sexo y amor: se complementan increíblemente pero creo que hay que diferenciarlo. Por ejemplo si el “amor de tu vida” no te complace en la cama dale un par de vueltas seriamente. Las “cochinadas” o “maldades” no se pueden andar buscando en otro lado, enfrenta el problema e instrúyete, de verdad que existen maniobras universales.

2 Lo que se ve en las porno no necesariamente vale: en esto quiero hacer hincapié, la rucia abierta de patas, a la que se le ve literalmente el desayuno, difícilmente está disfrutando de la sesión con esas bestias de vergas enormes y aceitosas. Créanme yo podría estar horas en eso y ni calentarme.

3 Eterno: sexo de mil horas… por lo menos para mí no gracias. Lo justo y necesario, pero dos horas de “mete-saca” nica.

4 Mete/Saca: (maniobra que consiste en meter y sacar… todo un ingenio) puede ser rico para los hombres, es rico para las mujeres también pero entiendan un punto, esa maniobra sólo puede satisfacer una parte de los requerimientos fisio-sexuales del cuerpo femenino. Lo siento pero el roce es imperativo y si no se lo sabes dar tú a tu mujer, ponla encima… Ahora si ella no quiere… estamos en problemas serios.

5 “Es que si soy tierno se va a enamorar de mí” (en una sesión de sexo casual) Las frotaciones, los masajes, los cariños, chupetones, el preludio en general no significa que seas tierno, y aunque lo fueras no significa que las mujeres nos enamoremos de eso y si nos llegáramos a enamorar por eso…pobre mina. Por lo demás el riesgo lo corre ella, no tú y lo único que puedes conseguir es que te recuerde como un tipo que sabe hacerla y se le paren los pelos de acordarse.

Hay más… mucho más pero si sigo esto va a terminar pareciendo una novela y no es el objetivo. Quisiera dejar en claro que estas opiniones son personales y que vuestros comentarios sólo pueden ayudar a nutrir este blog y complementar afirmaciones o derribar mitos.
Amigos en la pareja, el afiatamiento sexual es DEMASIADO importante, no se trata del tipo de cosas que se dejan pasar porque se desencadenan cosas peores en el camino. Es normal tener la inquietud, el sexo es rico y saludable (maldades incluidas), pero como en todo en la vida hay que llegar a acuerdos, investigar y transar. Ojo que esto corre para ellos y ellas. Nadie está condenado a nada y si tienes un drama sexual con el amor de tu vida, reconoce que hay un problema.
Esos son mis sinceros consejos y ¡A tirar se ha dicho!
SÉXITO

- w i t c h -

11/28/2005

Cállate la boca, niña



Nunca diga más de lo que debe, no vaya a quedar en evidencia. Una señorita debe callarse lo que piensa, no debe reírse con los chistes cochinos, debe proyectar un aura de misterio. Si no tiene mundo interior, fínjalo. Si tiene a un hombre al lado, hágalo sentirse admirado y por favor no le discuta. No le diga pesadeces, mire que ellos no aguantan la crítica. No responda a las críticas que le hagan, no vaya a ser que la acusen de soberbia. No lo apabulle, a nadie le gustan las mujeres cerebrito. No lo presione, mire que se arranca. Y anda tanta mujer suelta, que mejor que cuide a su hombre. Así que manténgase bonita, que su hombre no tenga que mirar para el lado. Calladita se ve más linda, ¿verdad? No interrumpa que es feo. No discuta que se ve mal. Siéntese derechita, con las piernas cruzadas. No demuestre interés en cochinadas, que es de bataclana. Sonrójese cuando alguien diga "popó". Indígnese si alguien le falta el respeto, aunque se muera de ganas de que se lo falten. No diga garabatos, jamás acepte que alguien los diga enfrente suyo. Siempre diga que su mayor sueño es ser mamá. Estudie Párvulos. Por ningún motivo Construcción Civil. Y mucho menos Ingeniería, ¿no ve que las mujeres no son buenas para las matemáticas? No se vaya a andar metiendo con rotos, o con negros, porque es como que quedara marcada. Si no la puede mantener, entonces no sirve pues mijita. Si usted se entrega muy fácil, entonces nadie la va a respetar. Hágalo esperar, y luego que él sienta que usted le está haciendo un enorme favor. No se ponga mucho escote, no se siente en el suelo. Eso es de mujerzuela. No levante la voz, no golpee la mesa. Llore con las películas románticas y declare que le carga la violencia. Nunca se rebaje con posiciones extrañas, el misionero basta y sobra. Mantenga en el más estricto silencio su experiencia en el tema, nadie quiere andar con una mujer usada. Y no se queje cuando su hombre la deje botada por aburrida. Cultive la cara de mártir y disfrute de la lástima de los demás.

11/23/2005

La infidelidad, ja,ja,ja



Este es un tema peliagudo. Y aquí se pone igualitaria la cosa, porque todos somos engañados y engañadores. Pero no se preocupen: el SIMI ha encontrado una diferencia arbitraria y no fundamentada. Los hombres que engañan muchas veces lo hacen con un delicioso ánimo deportivo. El cliché era Fernando, de "Los Treinta". Pero sin llegar a la caricatura, conozco a varios que engañan alegremente a sus parejas sin siquiera detenerse a tener algún cargo de conciencia. Yo he estado en el papel de víctima, con un pololo que me gorreó tres veces, con (sic) "La Paula, la Joanna y una mina que conocí en la micro". O sea, me engañó con una mujer y no se dio ni el trabajo de preguntarle el nombre... Pueden encamarse con alguien absolutamente intrascendente, y no sentir que traicionan a su pareja, porque total eso era puro sexo. Y tienen el tupé de morir de espanto si ella hace lo mismo, y sólo por sexo. De las mujeres infieles que conozco la dinámica no es la misma. Una no anda loqueando tan fácil, y si lo hace, la culpa suele devorarnos vivas al día siguiente. Y se da más el engaño con mucho sentimiento encontrado. O se usa de venganza, o en el fondo te mueres de amor por tu patas negras pero no sacas nada con abandonar a tu actual, porque el patas negras te quiere pero nunca tanto, y ya se sabe que sin pan ni pedazo la cosa se pone fea. Pero ese affair deportivo, ese revolotear sin culpas, es mucho más difícil de encontrar en las mujeres. También me ha tocado estar en la posición de la patas negras. Esa posición suele no ser muy fácil, y termina invariablemente mal. Pero una cae una y otra vez, como un lemming hiperactivo. Igual, nuevamente hay dos posturas. La descomplicada, que es cuando el tipo en cuestión revolotea sin mayores prejuicios, y vienen las llamadas a las 4 am para puro darle y una le puro da, o la opción sufrida de enamorarse de alguien que ya está con otra y asumir masoquistamente el papel de "la otra". Y ahí todos sufren, el patas negras y el que engaña, porque eso ya implica un cierto compromiso y todo mal. Es entonces cuando empieza el síndrome "Bill Clinton" de negación patológica. Se buscan excusas patéticas para evitar enfrentarse al hecho puro y duro que uno es un infiel más como cualquier otro. "Si fue la puntita no más" ; "No fue sexo, fue una relación impropia"; "Esto me sirvió para darme cuenta de que en realidad amo a mi pololo(a)"; "Lo que pasa es que mi pololo(a) se lo merece por A, B o C motivos". Puras excusas para no hacerse cargo de que algo está fallando en la relación oficial, o que en el fondo uno es un caliente de mierda y no tiene perdón de Dios y punto. Yo solía ser la talibana de la fidelidad. Con todo el ardor de la juventud afirmaba tajantemente que JAMÁS perdonaría una infidelidad y que JAMÁS sería infiel. Ya nada está tan claro, y aunque obviamente que te engañen duele, nada es blanco o negro. Podría perdonar un desliz, si es que no es muy extremo. y esperaría que perdonaran los míos. Pero hay una estadística preocupante: de todos los hombres con los que he estado, muchos más de la mitad le han puesto en algún momento el gorro a sus parejas conmigo. Y de todas mis amigas, muchas más de la mitad se han metido con hombres comprometidos. O sea, pocas mujeres se libran de la cornamenta. Así que chiquillas, a comprarse un Brimax Lustramuebles y a sacarle brillo a tan coquetos adornos con los que nuestras medias naranjas ornan nuestras cabezas. Y recuerden siempre: si alguien las engaña, no es culpa de la patas negras, sino que es culpa absoluta de sus amorcines.

11/16/2005

Marqué tu número telefónico


Hay algo extraño con esto del teléfono. Una cierta compulsión de los hombres a pedirlo y de las mujeres a darlo. Es un extraño tic, si se toma en cuenta que por lo general los hombres no llaman, y que las mujeres muchas veces inventamos un número o damos el de alguien que nos cae mal. Es como si ese ritual validara todo lo que pasó antes, hiciera más aceptable cualquier tipo de conducta anterior. En un viaje, conocí al que pensé que sería el hombre de mi vida. Lo único malo es que vivía en Valdivia. Pero como nadie es perfecto... Desde que nos vimos la conexión fue inmediata. A las pocas horas nos bañábamos en pelotas en el lago Villarrica y buscábamos bichitos entre los árboles. Idílico. Como era obvio terminamos arrendando una pieza. Si me hubieran preguntado, yo habría respondido que íbamos bien. Me hizo cariñito en el entrecejo hasta que me quedé dormida, compartimos un litro de jugo de naranja mientras afuera alguien vociferaba en hebreo. Todo ideal. Hasta que llegó el momento de separarse. Yo estaba triste, pero sabía que nunca lo iba a volver a ver, asi que me había hecho la idea. Y fue entonces cuando en los últimos 5 minutos juntos me pidió el teléfono. Se lo di feliz, y me pasé dos semanas esperando su llamada. Por supuesto que en vano. Al año siguiente me lo volví a encontrar. Me vio y se le deformó la cara. Empezó de inmediato a disculparse, y a decirme que había perdido mi número. Obviamente no le creí. Me lo volvió a pedir, y se lo di, sólo para confirmar lo obvio. Nunca llamó. ¿Cuál es la idea de dar esperanzas si no me iba a llamar igual? Entendería si la pedida de teléfono hubiera sido anterior al encamamiento, como una manera más de lograr su objetivo. ¿Pero después? ¿Qué objeto tenía? Otro tipo (apodado "Filete", por ser un pedazo de carne joven y bella) me pedía mi teléfono cada vez que me veía, y lo anotaba en papelitos diminutos, para tener la coartada de "Ay, es que se me perdió". Una vez incluso andaba con una tremenda agenda, pero lo anotó en un pedacito de servilleta. Tanto esfuerzo, si ni siquiera quería que me llamara, y obviamente me daba cuenta de su estrategia y no podía dejar de encontrarlo muuuuy tonto. Otro me pidió una hoja de cuaderno para anotarlo, después de ducharse conmigo. Por supuesto, nunca más supe de él. De verdad, si ya obtuvieron lo que querían, pedir el teléfono es a veces una crueldad innecesaria y alevosa, y otras veces una estupidez demasiado obvia. Porque trata de darle un matiz más sentimental a una situación que muchas veces apenitas pasa por la cama, y listo. En serio, si no quieren llamar, que lo dejen tal cual. Muchas veces "las chicas sólo quieren divertirse" (grande, Cindy), igual que los hombres, sin teléfono de por medio.

El tamaño SI importa



Hoy voy a derribar un mito instaurado por los medios. Últimamente se dice mucho que el tamaño no importa, que lo que importa es la técnica. Falso de falsedad absoluta. Ésa es una vulgar mentira para salvaguardar los frágiles egos masculinos y evitar que se transformen en usuarios compulsivos de las reglas de medir para ver si calzan en el estándar. Pero toda mujer sabe que nada peor que el síndrome iñi-piñi. Cuando al alcanzar la zona cuestionada se cruza por la mente la pregunta de si este tipo estará en frío o es lo que hay. Y cuando efectivamente es lo que hay, empiezan las complicaciones. Porque no es fácil encontrar una postura adecuada para no ya sentirlo, sino que al menos evitar que resbale penosamente fuera del lugar estipulado. Todo esto acompañado de fingimientos siempre odiosos, porque no es cosa de traumar al niño, si el pobrecito no tiene la culpa de nada. Aunque claro, contrariamente a lo que se podría esperar, el otro extremo también tiene sus peros. Primero, la impresión. De verdad se siente miedo... dan ganas de salir corriendo en defensa propia. Y si una aguanta estoica, cuenta los minutos esperando que la dolorosa experiencia transcurra rápido. El Kama Sutra, en esto, es sabio. Aconseja acoplarse según los tamaños de los distintos órganos en cuestión. Usan la poética denominación de mujeres liebre, venado o elefanta, y hombres respectivos. O sea, el tamaño importa desde hace siglos. Obviamente nada de esto vale si hay cariño de por medio. Siempre se encuentra el lado. Pero para relaciones descomprometidas, habría que exigir mutuamente las medidas previo al encuentro. Así, cada uno sabe a lo que va. Y ahí ya no se aceptan devoluciones.

11/14/2005

De látigos y poemitas


La decisión final de abrir este blog la tomé cuando leí el blog de un amigo con ex-ventaja. En este blog él se quejaba amargamente de una vez que trató de conquistar a una mujer siendo "bueno" (o sea, dedicándole exclusividad, preparándole desayunos, regalándole chocolates). Y la mujer, al rato, le dijo que mejor quedaran como amigos. Reflexión: las mujeres adoran ser tratadas mal, y si uno se porta bien nadie te pesca. Y termina pidiendo una "princesa" con la que puedan tratarse bien mutuamente. Ajjjjjjjjj. Hombre de memoria corta. Porque aquí donde me ven, con todo lo que me las doy de cortacocos, por él fui una "princesa" (así llama él a las mujeres "buenas"). Le regalé un poema (copiado pero igual), preparé desayunitos, comidas varias, me produje al máximo, fui una amante alegre y bien dispuesta, o sea la hice de oro. Al mes, vino el consabido "tenemos que hablar", y me dio filo por una mujer que según él había conocido el día anterior. Yo creo que la mujer nunca existió, sólo le dio terror decirme que no me quería ni para que le hiciera desayunos. Triste. Y yo, claro, destrozada. Por eso me dio tanta rabia leer lo que escribió. Se las da de víctima cuando él no se arruga en ser victimario, y dice que quiere que lo traten bien, pero sólo reacciona al látigo. Y así tantos, que de verdad sólo tratan bien si son maltratados. O al menos tomados con distancia, como si no importaran mucho. Ahí se desenfrenan, les aflora la creatividad, se ponen románticos, tapan el celular de mensajes y el computador de mails. Pero niñas: no hay que ceder. Si una demuestra interés, corren en el sentido contrario. Supongo que todas tienen una experiencia de ese tipo. Y lo que es peor: la táctica de la indiferencia es la que recomiendan las madres. Por supuesto una no la usa, por rebeldía. Y resulta que es la mejor estrategia... O sea, todo el trabajo de ser autónomas, feministas decididas y todas esas simonedebeauvoireadas se nos va a la mierda y tenemos que seguir los mismos patrones de los años 50. Agotador. Tanto sostén quemado no nos sirvió de nada.

11/12/2005

Bienvenidas!!!


Esta idea ya tiene varios años. Han habido reuniones, proyectos varios, miles de horas de conversación, deserciones y traiciones, y nunca habíamos logrado hacerlo oficial. Bueno, ya está. Un lugar para desahogar lo peor de nosotras mismas y pelar de lo lindo. Pero como ya estamos más viejas, y la capacidad de hiel no es la misma de antaño, también se pueden describir las maravillas de nuestros respectivos, o cualquier cosa que nos moleste, no necesariamente relacionada con el tan necesario sexo fuerte (ja). Como yo empecé este blog, sus aportes los recibo al mail y me arrogo el derecho de editar, huichi pirichi. En una de éstas y si resulta, podemos reeditar el "Barsa Award". Aunque la madurez también parece haber hecho estragos en ese ítem. Cada vez hay menos pasteles célebres. Pero todavía quedan bastantes "no eres tú, soy yo", o "eres demasiado buena para mí" o "no me quiero comprometer" o "es que me han herido tantas veces..." que pueden engrosar la lista. Como bienvenida, y a manera de rito iniciático, quisiera recordar el "Barsa Award" que más impresionada me ha dejado hasta ahora. No sólo por la actitud del premiado en cuestión, sino que por la actitud borreguil de la afectada. Cuenta la leyenda que había una pareja de novios. Él optó por enojarse porque ella quería trabajar, y tuvieron una gran pelea. Ella, devastada, quizo hacer las paces y se fue a meter a la casa de su amorcito, como acostumbraba hacerlo. Atravesó el jardín, y al llegar al ventanal del living, pudo ver a su pierna peluda en el sillón, con otra mujer, atracando de lo lindo. Ella, shockeada, abrió el ventanal y esperó con los brazos cruzados el acto de contricción del díscolo.Él, apesadumbrado, se levantó del sillón, se acercó al ventanal... ¡y se lo cerró en la cara! Y lo más impresionante es que a la semana del episodio, si alguien le preguntaba a ella cómo estaba su (a esas alturas) ex, ella decía quejosa: "Ahí está... perdonándome" Impresionante, ¿cierto? Y ejemplificadora. Como esa hay miles, sólo tienen que mandarlas, para que el SIMI cobre fuerza. Dejemos la victimización de lado, el humor es más fuerte. Hasta lo más trágico tiéne aristas ridículas. Cualquier cosa que quieran comentar, contar o discutir será publicado. Las (los) espero.